Dando caña

Parece que últimamente se ha instalado en nuestras cabezas la necesidad de estar contínuamente dando caña, indiscriminadamente a todo lo que se menea. Normalmente a quien se menea más es a quien más caña metemos. Y curiosamente si hace un tiempo para dar caña había que pensar un poco en los argumentos ahora se consolida precisamente lo contrario: sin argumentos y con mucha demagogia se quiere alcanzar la razón. Vivimos tiempos en los que la ignorancia es un valor y el insulto es una bandera. Triunfa el atrevimiento de las simplezas y lo burdo. Muy lejos de lo simple como manifestación de la inteligencia.

El hortelano por sistema huye de esta malafolla que nos invade y decide eso sí dar caña en el huerto contagiado por este clímax negativo imperante. Eso sí para ello, en aplicación de la sabiduría ancestral hortelana es consciente de una cosa: para dar caña en el huerto, lo mejor es que haya tempero.

En la vida no siempre hay tempero, por eso no siempre es el momento adecuado para dar caña. Eso sí, cuando se da caña sin tempero, en la vida se da más la vara que otra cosa.

Y en unos días, enramaremos las tomateras, si no es que con tanta agua primaveral, la riada no sé las ha llevado al brazal. Y dar caña servirá para algo útil y creativo.

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