Por fin he encontrado un motivo para inaugurar esta página de mi bitácora: la vulneración de los derechos de los ciudadanos, sean de donde sean y vengan de donde vengan. Empiezo dedicando esta primera entrada al derecho a la información y en relación a la censura.
Así pues hoy empiezo denunciando la censura con que el Ayuntamiento de Zaragoza está actuando para ocultar las pruebas que permitan desviar la atención de los ciudadanos. Alrededor de los presupuestos ya se ha dicho y escrito mucho. No diré más, de momento. Me hago eco de las dificultades que tiene un ciudadano cualquiera para acceder a las promesas del alcalde, a sus brindis al sol y a sus alcaldadas (más conocidas como «salidas de patabanco» por lo inapropiadas que suelen ser y por el poco bienestar que suelen generar, porque suelen ser mentira).
Se pregunta mi amigo Almendrón en su blog, si ¿es una broma? la necesidad de pedir por escrito en una instancia el discurso íntegro, concluyendo con una pregunta ¿quién está al servicio de quién?
Quizás por esa razón no le duelan prendas al Alcalde a la hora de echar esos brindis al sol si luego maneja con soltura la tijera para ocultar sus palabras.
Te deseo suerte, amigo, y no dudes en difundir ese discurso si no cejas en tu empeño de conseguirlo a pesar de la burocracia que debas superar para ganar en el intento.